Mis amados presentes:
Al recibir esta carta estará entendido que he partido. Espero que antes de leerla hayan cumplido con la nota anexa que indica que deben estar reunidos los miembros de esa lista así como los requisitos para la adecuación del lugar y mi vestimenta.
Empezaré por dar las gracias a aquellos que han venido a celebrar esta nueva etapa de mi ser: la muerte. No siento temor alguno al abandonar el lugar que conocemos como real o mundo físico; en vida supe que no había razón para no pensar más allá de lo tangible, un mundo espiritual está allá, en algún lugar.
Alrededor de ustedes podrán ver fotos que en ocasiones me tomé con ustedes; detrás de ellas escribí un pensamiento para las personas que están en esa foto, en su mayoría son pensamientos alegres, mis mejores vivencias a su lado, los momentos que en vida atesoré y que pudieron quedar plasmados en un papel. Son libres de tomarla y llevarla con ustedes, y deseo que -así como yo- cada vez que la vean, sonrían.
Espero que hayan leído también el inciso que dice: ‘favor de no vestir de negro’. Esta indicación tiene más de un significado: en primer lugar, es muy común que se use en funerales aburridos y llenos de tristeza, y no quiero que sea mi caso; en segundo lugar, el negro es la ausencia de los colores y favorece un ambiente lúgubre y poco llamativo. No me gustaría que con ese ambiente sólo recordaran lo malo de mí además creo que los colores que cada uno de ustedes viste es algo con lo que los podía identificar, la mayoría de ustedes usará azul, rosa, blanco, naranja y uva, estoy segura.
De fondo también podrán escuchar mi selección de música post mortem, no es más que un recordatorio de que la música también hizo feliz mi vida así como la de muchos de ustedes, familia y amigos, que tienen el amor y la pasión por la música que tuve yo; les agradezco a ustedes por siempre impulsar mi gusto por ella. El piano que se encuentra junto al comedor está libre para que alguno de ustedes toque lo que su inspiración demande; uno nunca sabe, la inspiración puede llegar hasta en un funeral: compongan música si es posible, algo bueno debe salir de mi partida; canten, yo lo haría si estuviera con ustedes.
Sé que les sorprenderá ver que la mesa esté puesta, no es coincidencia ni se equivocaron de lugar. La cena estará servida a las nueve de la noche; encontrarán comida mexicana, italiana, peruana, norteamericana, ensaladas y una amplia selección de mis postres favoritos –que son muchos-. Disfruten el banquete; si algo me hacía feliz era comer junto a ustedes, disfrutar la plática larga y amena -fuera de asuntos importantes o no-. Cuenten chistes, rían y aprovechen el criticarme ahora que pueden hacerlo y no los oigo. Pueden estar seguros de que no les ‘jalaré las patas’ en la noche.
Si son lo suficientemente morbosos como para ir a mi ataúd y verme una vez más antes de que me chamusquen mañana, me encontrarán vestida con pantalón de mezclilla, playera, chamarra y tenis, tal cual era yo cuando tenía alma y espíritu –los cuales ahora descansan en el mejor lugar que hay para ellos, en el cual espero verlos un día-. En mi mano izquierda encontrarán el libro más antiguo y vendido de la historia, puedo asegurarles que encontrarán principios morales, espirituales y sociales que les ayudarán día a día y espero que encuentren en ella la misma seguridad y paz que tengo yo al morir. (Fotografías sin flash permitidas. No creo que me despierten pero ¿para qué correr el riesgo?)
En mi mano derecha encontrarán un tenedor rosa. Hace tiempo escuché la anécdota perfecta para este día: una señora que en algunas ocasiones iba a restaurantes solía dejar su tenedor en el plato al terminar el platillo fuerte, pero los meseros le decían que lo guardara porque venía lo mejor: el postre, así que la señora –quien también planeó su funeral ya que tenía cáncer- antes de morir pidió al ministro que la enterraran con un tenedor porque lo mejor estaba por venir. No tengo duda de que lo mejor está por venir para mí también.
Por último, antes de que partan pueden tomar las bolsitas que contienen café de grano y chocolate, no quiero que se vayan con la boca amarga, además ambos eran mis mayores placeres culposos, no podrán negarlo.
Quiero que sea una celebración de gozo porque ahora estoy en un lugar mejor, no por lo buena que fui sino por la gracia infinita que obtuve un día. Espero que esta noche pasen un rato alegre y me recuerden por eso: por ser alegre cada momento y vivir incluso en la muerte.
Los amé, los amo y amaré. Buenas noches y hasta siempre.