Mi vida en la muerte

viernes, abril 22, 2011

Mis amados presentes:

Al recibir esta carta estará entendido que he partido. Espero que antes de leerla hayan cumplido con la nota anexa que indica que deben estar reunidos los miembros de esa lista así como los requisitos para la adecuación del lugar y mi vestimenta.
Empezaré por dar las gracias a aquellos que han venido a celebrar esta nueva etapa de mi ser: la muerte. No siento temor alguno al abandonar el lugar que conocemos como real o mundo físico; en vida supe que no había razón para no pensar más allá de lo tangible, un mundo espiritual está allá, en algún lugar.
Alrededor de ustedes podrán ver fotos que en ocasiones me tomé con ustedes; detrás de ellas escribí un pensamiento para las personas que están en esa foto, en su mayoría son pensamientos alegres, mis mejores vivencias a su lado, los momentos que en vida atesoré y que pudieron quedar plasmados en un papel. Son libres de tomarla y llevarla con ustedes,  y deseo que -así como yo- cada vez que la vean, sonrían.
Espero que hayan leído también el inciso que dice: ‘favor de no vestir de negro’. Esta indicación tiene más de un significado: en primer lugar, es muy común que se use en funerales aburridos y llenos de tristeza, y no quiero que sea mi caso; en segundo lugar, el negro es la ausencia de los colores y favorece un ambiente lúgubre y poco llamativo. No me gustaría que con ese ambiente sólo recordaran lo malo de mí además creo que los colores que cada uno de ustedes viste es algo con lo que los podía identificar, la mayoría de ustedes usará azul, rosa, blanco, naranja y uva, estoy segura.
De fondo también podrán escuchar mi selección de música post mortem,  no es más que un recordatorio de que la música también hizo feliz mi vida así como la de muchos de ustedes, familia y amigos, que tienen el amor y la pasión por la música que tuve yo; les agradezco a ustedes por siempre impulsar mi gusto por ella. El piano que se encuentra junto al comedor está libre para que alguno de ustedes toque lo que su inspiración demande; uno nunca sabe, la inspiración puede llegar hasta en un funeral: compongan música si es posible, algo bueno debe salir de mi partida; canten, yo lo haría si estuviera con ustedes.
 Sé que les sorprenderá ver que la mesa esté puesta, no es coincidencia ni se equivocaron de lugar. La cena estará servida a las nueve de la noche; encontrarán comida mexicana, italiana, peruana, norteamericana, ensaladas y una amplia selección de mis postres favoritos –que son muchos-. Disfruten el banquete; si algo me hacía feliz era comer junto a ustedes, disfrutar la plática larga y amena -fuera de asuntos importantes o no-. Cuenten chistes, rían y aprovechen el criticarme ahora que pueden hacerlo y no los oigo. Pueden estar seguros de que no les ‘jalaré las patas’ en la noche.
Si son lo suficientemente morbosos como para ir a mi ataúd y verme una vez más antes de que me chamusquen mañana, me encontrarán vestida con pantalón de mezclilla, playera, chamarra y tenis, tal cual era yo cuando tenía alma y espíritu –los cuales ahora descansan en el mejor lugar que hay para ellos, en el cual espero verlos un día-. En mi mano izquierda encontrarán el libro más antiguo y vendido de la historia, puedo asegurarles que encontrarán principios morales, espirituales y sociales que les ayudarán día a día y espero que encuentren en ella la misma seguridad y paz que tengo yo al morir. (Fotografías sin flash permitidas. No creo que me despierten pero ¿para qué correr el riesgo?)

En mi mano derecha encontrarán un tenedor rosa. Hace tiempo escuché la anécdota perfecta para este día: una señora que en algunas ocasiones iba a restaurantes solía dejar su tenedor en el plato al terminar el platillo fuerte, pero los meseros le decían que lo guardara porque venía lo mejor: el postre, así que la señora –quien también planeó su funeral ya que tenía cáncer- antes de morir pidió al ministro que la enterraran con un tenedor porque lo mejor  estaba por venir. No tengo duda de que lo mejor está por venir para mí también.
Por último, antes de que partan pueden tomar las bolsitas que contienen café de grano y chocolate, no quiero que se vayan con la boca amarga, además ambos eran mis mayores placeres culposos, no podrán negarlo.
Quiero que sea una celebración de gozo porque ahora estoy en un lugar mejor, no por lo buena que fui sino por la gracia infinita que obtuve un día. Espero  que esta noche pasen un rato alegre y me recuerden por eso: por ser alegre cada momento y vivir incluso en la muerte.
Los amé, los amo y amaré. Buenas noches y hasta siempre. 

The Perceived Car Bomb Threat in Mexico | STRATFOR

jueves, abril 14, 2011

The Perceived Car Bomb Threat in Mexico | STRATFOR

Las alas de Alika

Alika se despertó de madrugada después de una pesadilla que le pareció eterna. En su sueño  ella salía corriendo del Cairo Opera House en la capital egipcia, justo después de tocar su pieza favorita –casi de memoria-. Era un lugar conocido para ella porque en 1990 había participado como solista en esa sala. Por alguna extraña razón corría sin zapatos pero con un vestido elegantísimo, justo como el que había vestido la noche de su presentación  en la capital egipcia.

Corría sola, sin su amado cello, instrumento con el que hizo su presentación en la sala de música. Escuchaba en su cabeza la canción que había tocado para más de dos mil personas en la sala: una y otra vez se repetía el Preludio de Suite para violonchelo No. 1  de Johann Sebastian Bach. Cada paso que daba combinaba casi a la perfección con el compás de cuatro cuartos de la melodía mientras esquivaba automóviles y personas. Los escenarios eran distintos pero ella seguía corriendo, sola y descalza por El Cairo.

No sabe cuánto duró su sueño pero parecieron horas. Al despertar seguía en su cama, aunque ella sentía como si de verdad hubiera recorrido su sueño ya que su corazón latía rápidamente. Al fijar su mirada en el reloj de pared, pudo notar entre la oscuridad que eran las cuatro y media de la mañana. No conciliaría el sueño de nuevo, era un hecho pero era aún temprano para levantarse. Podría adelantar las tareas del día y aprovechar parte de la mañana para sacar el violonchelo que durante varios años ha abandonado en un rincón de su camper.

Alika se levantó y arregló su cama; lavó un poco de ropa con el agua que había quedado en un bote amarillo  del día anterior; barrió y sacó la basura, incluyendo el envase amarillo y lo puso junto a un enorme contenedor de desechos. Después se vistió: tomó una blusa verde que encontró cerca, la falda que estaba en la cima de su ropa doblada y buscó una pañoleta que combinara con la falda amarilla con azul que había tomado; se impresionó con lo rápido que pasó el tiempo esa mañana. Cuando volvió a ver el reloj eran las siete cuarenta y sólo le faltaba hacer el desayuno aunque en realidad no tenía hambre.

Miró hacia la esquina y observó el enorme estuche negro que contenía un violonchelo y miles de recuerdos de los cuales podía sentirse orgullosa. Se dirigió hacia él y sopló fuerte para quitar el exceso de polvo que había dejado el paso de los años sobre su instrumento. Tomó también de la misma esquina un atril negro que le obsequiaron cuando tocó en Kindu para un evento patrocinado por una ONG que ayudaba a los niños de esa ciudad. Colocó estas dos cosas en la puerta de su camper.

Al abrir la puerta se percató de que la vida en Kinshasa, su ciudad, había comenzado. La gente ya iba de un lado al otro para comprar comida y lo necesario para el día; las tiendas ya estaban abiertas y listas para recibir a sus clientes; Alika veía tras su barda una ciudad viva, igual a la del día anterior. A veces se sentía atrapada en ese ciclo sin fin y en el mar de gente en su país. De cualquier forma ella decidió cambiar su rutina esa mañana y sacó una silla verde a su patio parcialmente delimitado por una cerca de plásticos verdes.

Después de acomodar su asiento, sacó su violonchelo del estuche y al sacarlo cayeron también varias partituras. Las tomó junto con el atril y las acomodó frente a su silla. Sacó el arco de su funda y lo dejó dentro de la camper junto con el estuche del instrumento, tomó su arco y chelo y se sentó para interpretar la prodigiosa partitura de Bach aunque en realidad no necesitaba ver las hojas. Cada parte de esa melodía la sabía de memoria, cada nota, cada silencio, cada puntillo lo sabían sus dedos casi por inercia.

La gente seguía pasando cerca de su barda pero a Alika no le importaba nada más que el sonido de su fiel amigo que por tantos años estuvo encerrado. Un mal sueño le había recordado el sentimiento de libertad que puede dar un instrumento, incluso en el lugar más enclaustrado del mundo. En el bullicio de la capital de la República Democrática del Congo,  Alika se sintió libre de nuevo, todas las notas la hacían alejarse un poco más de su agobiante realidad.  Para ella las partituras, su chelo y su arco siempre fueron, son y serán sus alas para vivir.

Referencia: Andrew McConell, primer lugar de World Press Photo 2011, categoría arte y entretenimiento.

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar...

jueves, abril 07, 2011

Un argumento a favor de Laguna Verde, Veracruz.

En un afán por encontrar alternativas para la creación de energía que no incluyan restos fósiles, los físicos y químicos han echado a volar su imaginación y puesto en práctica sus conocimientos para traer al mundo una alternativa. Un ejemplo son las plantas nucleares. Esta nueva propuesta ha sido aceptada, para bien o para mal, por muchos gobiernos en el mundo, incluyendo el mexicano.

Ante la alerta mundial por la catástrofe en Fukushima el pasado 11 de marzo, muchos países han buscado la forma de resolver los problemas en sus plantas nucleares e incrementar los elementos de seguridad planteados por la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO por sus siglas en inglés).  A pesar de esto, México se encuentra entre los países que deciden pensar que todo está bajo control y no hay por qué temer.

Hasta el momento la WANO y la Agencia Internacional de Energía Atómica han dado el visto bueno al único centro nucleoeléctrico del país: Laguna Verde. Esta planta se encuentra en el municipio Alto Lucero de Gutiérrez Barrios, Veracruz. Cuenta con dos reactores; el primero fue abierto en 1990, tras 13 años de construcción y la segunda fue abierta un año después.   

Veracruz, a diferencia de las costas de Guerrero, no presenta grandes riesgos sísmicos, por lo que se ha considerado pertinente mantener un reactor nuclear en esta parte del país. También cumple con  las normas generales que requiere un centro nuclear de fisión como este: encontrarse en una zona con actividad sísmica poco frecuente y debe estar ubicada cerca del mar.

A pesar de que nuestro país es altamente sísmico, Veracruz no se encuentra en una zona de choque de placas tectónicas como es el caso de Guerrero o Baja California; además se encuentra en una zona que no es muy propensa a maremotos ya que la península de Florida,  la península de Yucatán y Cuba disminuyen la fuerza de las olas y de haber algún movimiento sísmico en Océano Atlántico sería muy poco probable que la marea afectara estos lugares.

Asimismo es una zona poco sísmica comparada con  otros lugares de la República Mexicana y aunque se encuentra en la zona que junta a la Sierra Madre Oriental con el Eje Volcánico Transversal, los accidentes geográficos son leves. Según el Servicio Meteorológico Nacional, no se han reportado sismos mayores a 6 grados en escala de Richter desde 1998, lo cual habla de una zona sísmica que no sufre movimientos violentos constantes y por tanto, puede ser segura para una central de fisión nuclear.

El problema, creo, no es la posición geográfica de una planta de energía como esta, sino el uso que se le pueda dar y la desidia típica de los seres humanos que podría desencadenar un accidente sin precedentes para México. 

Después del terremoto de 1985, la población mexicana tomó consciencia del lugar en el que vivían e implementó un plan nacional de emergencia así como simulacros en escuelas y empresas,  públicas y privadas de todos los niveles para evitar un desastre como el del 85. No obstante, generaciones posteriores a este año, ven el terremoto como algo lejano, como una forma de perder el tiempo o burlarse del famoso No corro, no grito, no empujo y hacen rabiar a los maestros porque no hay seriedad en el asunto. Simplemente no ha sido su realidad. 

Incluso el Secretario de Protección Civil del Distrito Federal, Elías Miguel Moreno ha declarado que no hay una cultura de protección civil bien cimentada fuera del Distrito Federal, y me atrevo a decir que ni en éste último está “bien cimentada”. Lo mismo pasa ante una catástrofe nuclear como Fukushima, no ha sido una realidad cercana, por lo cual es posible que no se le dé la relevancia necesaria y pronto quede en olvido.

Bajo mi perspectiva, las plantas nucleares de fusión o fisión son un beneficio ya que no producen grandes cantidades de contaminación que producen efecto invernadero o lluvia ácida aunque a la larga, la contaminación radioactiva también afecta. Lo que por el momento nos queda, es hacer consciencia de lo que nos puede pasar y echar  nuestras barbas a remojar : dejar la desidia de lado, implementar mejores medidas de seguridad dentro y fuera de los reactores, acercar a la sociedad mexicana a la física nuclear  y buscar alternativas ecológicamente sustentables para vivir, o más bien, sobrevivir.